La distribución profesional de materiales de construcción, fontanería y climatización —el que abre cada mañana, conoce a sus clientes por su nombre y sostiene el tejido económico local— también sufre en silencio un precio cada vez más alto por el problema del absentismo laboral.

El 4 de febrero, la AIREF presentó un estudio sobre este problema. Ese mismo día diversos empresarios del sector se reunieron esta semana en el marco de un Grupo de Trabajo sobre Relaciones Laborales desarrollado en Andimac con un objetivo claro y urgente: poner cifras, nombres y propuestas a una realidad que está debilitando a las pymes, mientras otros modelos empresariales juegan también aquí con ventaja.

La conclusión es clara: el absentismo no es solo un problema laboral, es un problema de supervivencia empresarial. Especialmente en empresas pequeñas y medianas donde cada baja, cada permiso mal regulado y cada ausencia injustificada se traduce en clientes pérdida de productividad, clientes perdidos y sobrecarga para quienes sí cumplen.

Uno de los grandes déficits detectados es que las estadísticas oficiales no reflejan la realidad, al dejar fuera, por ejemplo, los permisos retribuidos, que en muchos casos se han desvirtuado hasta extremos difíciles de asumir.

Se han puesto sobre la mesa situaciones en las que permisos pensados para cinco días han acabado convirtiéndose en semanas enteras, obligando incluso a acudir a los tribunales. Todo ello genera frustración, conflicto interno y una sensación creciente de indefensión tanto en el empresariado como en la gran parte de los trabajadores que son responsables.

El primer análisis de los convenios colectivos revela además un sistema que, lejos de corregir abusos, los incentiva. Allí donde se complementa la incapacidad temporal hasta el 100%, el absentismo se dispara. No es una opinión: es una experiencia compartida y repetida en distintas provincias.

A esto se suma una legislación laboral pensada para grandes estructuras, pero aplicada sin matices a las pymes. Mientras las grandes superficies tienen más capacidad de absorber ausencias, ampliar horarios, las empresas familiares compiten en clara desventaja.

Lejos de resignarse, el sector ha decidido reaccionar. Se ha acordado lanzar una encuesta sectorial para recoger datos reales sobre absentismo, permisos, horarios y productividad; compartir convenios para identificar buenas y malas prácticas; y construir un argumentario sólido que será trasladado a la CEOE y a otras instancias empresariales y políticas.

Además, se plantea una estrategia de comunicación más clara y valiente. El empresariado necesita volver a levantar la voz, explicar lo que pasa dentro de sus empresas y reclamar reglas del juego justas. Porque sin pymes no hay empleo estable, no hay relevo generacional y no hay economía local que resista.

Este no es un pulso ideológico. Es una llamada a la sensatez. Una llamada a reconducir los incentivos perversos y evitar seguir poniendo palos en la rueda a la competitividad de las pymes y el desempeño de la gran mayoría de trabajadores responsables.

El sector ha decidido que el silencio se acabó.